Los pequeños viñedos con los que trabajamos se denominan “majuelos”, y están situados desde los 943 hasta los 1.012 metros de altitud.

Las viñas se reparten en parajes, rodeados de monte bajo y matorral, escondidos en valles. La climatología es muy dura y la viña tiene que adaptarse a las fuertes heladas de primavera y a las altas temperaturas del verano.

Todo esto, unido a la pobreza extrema de los suelos -compuestos por caliza, arena, arcilla y piedra-, hace que los vinos sean intensos, con mucho gusto, apegados a la tierra y con matices muy marcados.