No siempre hay que pertenecer a una tierra para amarla profundamente. No siempre elegimos nuestra dedicación a algo que realmente nos satisface, pero la vida siempre te da espacio y tiempo para encontrar tu camino. No hay mayor satisfacción que llegar a un lugar, unas  veces desconocido y otras no, y decir: este es mi hogar.

Así empezó el sueño de Ermita del Conde. A veces las más grandes ilusiones nacen de un puñado de tierra y de la confianza que depositas en ella. No me sentí como el Emperador Julio César (veni, vidi, vinci) la primera vez que pisé estos maravillosos parajes, pero sí creí en ellos desde el primer momento.

Recuerdo la tristeza al ver esos mares de viñedos abandonados a su suerte, porque no hay personas que quieran continuar con el trabajo del que un día vivieron sus ancestros. Pero también recuerdo el momento en el que apostamos por salvar la historia de una zona, de unas variedades autóctonas, y de unos campos únicos por su gran potencial y bagaje.

Otero, Valdiguel, La Pilara, Camino de Alcoba y San Roque son los parajes en los que se encuentran nuestras microparcelas, que tantas satisfacciones nos están dando. Dicen que el amor, tarde o temprano, acaba dando sus frutos y, en esta ocasión, son maravillosos.

Ver cómo una variedad casi extinguida como el albillo mayor vuelve a brotar en sus cepas centenarias, y a revivir sus mejores tiempos, es para nosotros la mayor satisfacción del mundo. Y qué decir del tempranillo o tinto fino, como lo llamamos por aquí, esa gran uva que hace que nuestros vinos brillen por su aroma y calidad. Una calidad que aflora, año tras año, a más de 1.000 metros de altitud.

Cumplimos ya diez años de este sueño. Una década que se dice pronto, pero que no ha pasado tan rápido. Para hacer un buen vino hay que contar con los mejores ingredientes y dejar que se haga lentamente, sin prisas. Nada está bien hecho hasta que no te sientes orgulloso de ello y, desde Ermita del Conde, podemos decir que lo hemos debido hacer muy bien estos años, y lo seguimos haciendo día a día, porque el orgullo es máximo entre todo el equipo que formamos esta bodega.

SOMOS ERMITA DEL CONDE: Marta, Raúl, Juanjo, Marta y Bárbara.